Los seguidores de mi blog saben que soy docente y que suelo escribir temas relacionados con la educación, mi ámbito, a demás de otras reflexiones en relación a mi cuidad y otros intereses.
Desde el mes de junio, aproximadamente, he tomado el cargo de vicerrectora de mi escuela. Si alguien me pidiese un informe de lo actuado, a demás de cosas administrativas, de escaso interés para mis lectores, o de estudio de normativa (a veces he incluido alguna mención a legislación escolar en este blog), creo que me he pasado el tiempo escuchando y dialogando con padres y estudiantes.
El padre o madre que se acerca a la escuela de sus hijos merece ser escuchado, que se le dedique el tiempo necesario. A veces buscan en la escuela soluciones a aspectos de sus vidas que la escuela no puede solucionar, como poner límites a los hijos.
Por otro lado, los estudiantes buscan ser comprendidos, por sobre todo, y reconocidos por el adulto.
Una anécdota:
Florencia, una jovencita de segundo año CBC, me dice: -"Usted tiene que amigarse con nosotros"-
Entonces le explico que, si soy "amiga" al nivel de sus compañeros, cuando ella necesite ayuda va a acudir a aquel referente en el que pueda confiar, no un compañero o una amiga. Yo puedo bromear con ellos, acewptar una chanza, los trato bien, dialogamos... pero lo nuestro no pude ser amistad. Esto es en el sentido de ponerme yo al mismo nivel de mis estudiantes a cargo.
¿Resultados?. Creo que la mayoría se lleva lo que busca: escucha atenta, activa, comprensiva, interés, compromiso. A veces, con suavidad, indico a los padres la conveniencia de poner el límite y comprometerse a que los hijos asistan a la escuela y se porten bien en ella.
Sin el equipo directivo y el resto de los colegas, sin olvidar administrativos y maestranza, no podría lograrlo. |